Algunos historiadores coinciden en que la fecha se movió del 16 al 15 porque el dictador quería celebrar su cumpleaños

Te han repetido la historia desde que eres un chiquillo, la guerra en la que México logró por fin su Independencia comenzó el 16 de septiembre de 1810 y concluyó el 27 del mismo mes pero de 1821.

Ante el pueblo de Dolores Hidalgo, en Guanajuato, fue la madrugada del 16 de septiembre cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla dio el grito de levantamiento cerca de las dos de la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Las palabras del cura, se cree, fueron varios “Vivas” para la Virgen de Guadalupe, los reyes católicos y la religión, además de algunos “Muera” al mal gobierno, sin embargo, no hay como tal una arenga a una guerra, pero sí a la independencia.

Durante esa madrugada, no fue Hidalgo quien tomó la campana de la iglesia para llamar a los pobladores, fue en realidad José Galván, un empleado de la parroquia.

Dos años después del llamado a la Independencia de México, fue el general Ignacio López Rayón, quien celebró la noche del 16 de septiembre de 1812, la primera “celebración” de Independencia y llevó a cabo una cena en Huichapan, Hidalgo.

Pero, la fecha de Independencia de México, en realidad fue elegida por José María Morelos, quien en sus “Sentimientos de la Nación” propuso solemnizar el 16 de septiembre de 1810 como el día de aniversario en que se levantó la voz, fue en este texto, base de la Constitución de 1814, donde se plasmó que ese día habría una fiesta nacional.

El primer gobernante que dio el grito fue Maximiliano I de México, que por primera vez en 1864 utilizó las arengas del movimiento patriótico en Dolores.

Entonces ¿por qué celebramos el festejo la noche del 15 y no del 16 y por qué el grito se da en el Zócalo?

Bueno, para empezar hay que recordar que estas grandes fechas de la nación hay muchas lagunas porque en ese entonces la única forma de saber lo que pasaba en otros estados era con testigos o periódicos locales, así que no hay una fuente que confirme muchos datos, sin embargo, los historiadores han ido formando poco a poco algo de lo ocurrido en el país.

Fue Porfirio Díaz quien decidió recorrer los festejos de la Independencia de México, pues el 15 de septiembre era su cumpleaños, así que lo que se le ocurrió fue acoplar la celebración a su cena de natalicio. Entonces, el grito que trasladó de Dolores al Zócalo, se celebraría a las 11 de la noche del 15, porque esa fue la hora en la que nació el dictador.

 Hemos de decir también, que esta creencia podría tener algunas fallas, pues se dice que la celebración del 16 de septiembre se movió al 15 desde 1840 debido a que era más cómodo hacerlo la noche del día anterior, que la madrugada de este.

 

 

 

 

 

 

 

Los Niños Héroes

Miércoles, 13 Septiembre 2017 18:41 Escrito por

Nombre genérico con el que se designa a los seis cadetes mexicanos del Colegio Militar que murieron heroicamente en la defensa del castillo de Chapultepec durante la invasión estadounidense de 1847. Los seis cadetes fueron Juan de la Barrera, originario de la Ciudad de México, nacido en 1828; Juan Escutia, nacido en Tepic, Nayarit, alrededor de 1830; Francisco Márquez, nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1834; Agustín Melgar, oriundo de Chihuahua, nacido entre 1828 y 1832; Fernando Montes de Oca, originario de Azcapotzalco, y Vicente Suárez, quien nació en Puebla en 1833.

De la anterior lista de nombres de los Niños Héroes debe destacarse su edad: tenían entre 14 y 19 años, pues estaban recibiendo su formación en el Colegio Militar. Todos ellos perecieron el 13 de septiembre de 1847, cuando una columna del ejército de Estados Unidos tomó por asalto, a pesar de su heroica resistencia, el castillo de Chapultepec, donde se ubicaba el Colegio Militar. Situado en la ruta de hacia ciudad de México, el castillo era el último bastión defensivo que conservaban los mexicanos, y su caída permitió la entrada de las tropas estadounidenses en la capital mexicana al día siguiente. Aunque ya estaba perdida, la guerra se prolongaría hasta principios de 1848.

 Un enclave histórico

Chapultepec, que en lengua nahuátl significa "En el cerro de chapulín" (que equivale a langosta), era un lugar perteneciente a la jurisdicción de los tepanecas del señorío de Azcapotzalco. Cuando llegaron al lugar, los mismos aztecas lo calificaron de paradisíaco. Instalados en Chapultepec después de su larga peregrinación desde la mítica Aztlán, los aztecas realizaron grandes obras para fortificarlo y convertirlo en un lugar inexpugnable (probablemente, en 1280). Pero la frecuencia de sus guerras floridas y su crueldad levantaron la animosidad de los pueblos vecinos, que se aliaron contra ellos y les infligieron una dura derrota en el año Caña (1299), expulsándolos de Chapultepec para confinarlos en las inhóspitas tierras de Culhuacán.

Tras la fundación de Tenochtitlán en 1325, Chapultepec se convirtió en un santuario para los mexicas, en el que construyeron diversos monumentos. Nezahuacóyotl, rey de Texcoco y aliado de los aztecas, mandó construir en 1428 un adoratorio, y en 1465 Moctezuma I Ilhuicamina, hermanastro de Itzcoatl e iniciador del imperio azteca, hizo construir en la misma loma un acueducto con la finalidad de abastecer de agua a los habitantes de Tenochtitlán.

Cuando, a comienzos del siglo XVI, Hernán Cortés quiso tomar la populosa ciudad azteca, dirigió la estrategia desde el inmejorable puesto de mando que constituía el cerro de Chapultepec, lugar donde el virrey español Bernardo Gálvez, a finales del siglo XVIII (1783-1787), hizo levantar sobre las ruinas aztecas un edificio que sería destinado a albergar la residencia estival de los máximos representantes de la Corona española en el país mexicano, aunque las obras fueron abandonadas. Aprovechando parte de este edificio, en 1842 se instaló en él el Colegio Militar, bajo la dirección del general José Mariano Monterde, que sería tomado al asalto por las tropas de Pilow durante la invasión estadounidense de 1847, marco de la defensa heroica de los cadetes.

 

La Guerra Mexicano-estadounidense (1846-1848)

El expansionismo yanqui por los diversos territorios que en el futuro serían los estados de Texas, Nuevo México y California se había camuflado siempre bajo la excusa de la protección de sus intereses en esta región fronteriza. Esta forma de actuar de Washington se repitió cuando, después de la proclamación de la República de Texas, en 1836, y de la anexión pura y simple de Nuevo México en 1845, las tropas yanquis invadieron la República de México, aprovechando una coyuntura de inestabilidad social y política.

Después de la anexión de Nuevo México en 1845 y la ruptura de relaciones diplomáticas, el gobierno estadounidense había insistido en reclamar los territorios al norte del río Bravo; ante la negativa, ordenó en abril de 1846 su ocupación y se produjeron los primeros enfrentamientos militares. La declaración oficial de guerra tuvo lugar en mayo de 1846, y los mexicanos perdieron prácticamente todas las batallas. El general Zachary Taylor penetró por el norte; el coronel Stephen Kearny tomó Nuevo México y California; Winfield Scott, al mando de la marina, bombardeó el puerto de Veracruz y logró desembarcar y tomar la ciudad el 29 de marzo de 1847.

Al frene de un ejército de 13.000 hombres, el general Winfield Scott avanzó hacia la capital, batiendo a su paso al ejército mexicano en distintos puntos: Cerro Gordo, Contreras y Churubusco. Más tarde ocupó Casa Mata y Molino del Rey. Tras esta serie de victorias, la columna de Pilow se presentó el 12 de septiembre de 1847 ante el castillo de Chapultepec, último obstáculo cuya caída dejaría expedito el paso a la capital mexicana.

 Los Niños Héroes de Chapultepec

De nuevo el cerro de Chapultepec volvía a ser escenario de un acontecimiento histórico. La defensa, que corrió a cargo de 200 cadetes y 632 soldados del Batallón de San Blas, no pudo evitar la pérdida del bosque y el cerro, y la resistencia se trasladó al Colegio Militar. Los cadetes, en lucha cuerpo a cuerpo, resistieron heroicamente el asalto de las tropas norteamericanas, muy superiores en número. Tras sufrir graves pérdidas, los soldados norteamericanos consiguieron tomar la plaza. La tragedia de la derrota no pudo empañar la gloria del heroísmo sin par de unos jóvenes cadetes que prefirieron la muerte a entregarse al invasor.

Los seis cadetes, junto con parte de la guarnición de la Academia, tuvieron en jaque durante dos días al ejército estadounidense antes de perecer en la trágica batalla. Si bien hasta el momento se había atribuido erróneamente a Juan Escutia el acto heroico de haberse envuelto en una bandera mexicana y lanzado al vacío desde la azotea del Castillo, con objeto de que el enemigo no se apoderara de la enseña patria, en la actualidad todo parece indicar que el autor de este sublime acto patriótico fue Fernando Montes de Oca.

Hubo de transcurrir, sin embargo, algo más de un siglo para que los restos mortales de los seis jóvenes cadetes fueran descubiertos en el bosque de Chapultepec y reconocidos como tales oficialmente en 1947. En la actualidad, sus despojos descansan desde 1952 en el Monumento a los Niños Héroes, erigido en su memoria y situado al pie del cerro de Chapultepec. Dicho monumento es el resultado del trabajo conjunto del escultor Ernesto Tamariz y el arquitecto Enrique Aragón Echegaray.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de tantos años escuchando la melodía de su reloj cada hora, los londinenses han dejado parte de su personalidad en él; frío a la distancia, pero con una belleza sin igual…

Uno de los grandes iconos de la ciudad de Londres es, sin duda, el Big Ben; la torre del reloj que se sitúa en la esquina del enorme edificio del Parlamento Británico, y que es un sitio turístico obligado si viajas a este destino.

De acuerdo con información del portal vidayestilo.terra.co, el estilo de la capital británica está presente en su sociedad multicultural, en la vida de sus pubs y en las oportunidades de comercio y ocio que ofrece la urbe. Sin embargo, si hay algo que refleja el Londres Style es el Big Ben.

Esta inmensa construcción situada en el extremo noroeste del Palacio de Westminster, es su mayor símbolo desde 1859, y su aspecto desprende elegancia, clase, educación y majestuosidad. Todas esas características tan típicas de Gran Bretaña, y que casan a la perfección con su mentalidad abierta al visitante, así lo informa el portal viajarsinbrujula.es

Estos son algunos datos curiosos que seguro no sabías del enorme “Ben”

Su construcción

Quizás no sepas que la torre del Big Ben de Londres es de construcción relativamente reciente, pues se puso la primera piedra en septiembre de 1843 y se terminó en 1859. En comparación con otros monumentos es “joven”.

El nombre

El Big Ben no se llama Big Ben. En realidad ha sido siempre la Torre del reloj de Westminster, también conocida como Torre de San Esteban. Sin embargo se decidió cambiarle el nombre. ¿Para ponerle Big Ben? No. Para llamarle Elizabeth Tower (Torre Isabel)

La campana

El nombre de la torre en la que está el reloj es solo “La Torre del Reloj”; Big Ben es el apodo para la campana más grande en ella, antiguamente conocida como “Great Bell” (Campana Grande). Pero, por tradición se ha quedado el nombre de Ben.

¿Quién era Big Ben?

El origen del nombre no está del todo claro, pero existen dos hipótesis al respecto. La primera apunta que el Big Ben era Benjamin Hall, encargado de su construcción. La segunda indica que podría ser Ben Caunt, un famoso boxeador de la época que ayudó a subirla hasta el campanario.

 ¿Es muy alto?

La Torre del Big Ben mide 96 metros de altura, y es la tercera torre con reloj más alta del mundo. Sus cuatro relojes son de medidas idénticas. De 7 metros de diámetro, la manecilla de las horas mide 2.7 metros. La de los minutos mide 4.3 metros.

Las esferas

Las cuatro esferas del reloj cuentan con una misma inscripción en latín: “Domine Salvam Fac Reginam Nostram Vicotiam Primam” (“Dios salve a nuestra Reina Victoria Primera“).

La precisión

El Big Ben es el reloj más preciso jamás construido. Tanto que la Reina proclamó Lord a su diseñador, Edmund Beckett Denison. Ni los horrores de la Segunda Guerra Mundial consiguieron detenerlo. Sin embargo, sucumbió a una ola de calor de 2005 que lo expuso a una temperatura de 31 grados.

La Torre Pisa

Como si de la Torre de Pisa se tratara, el Big Ben también se está torciendo. Los expertos han descubierto que sufre una inclinación de 46 centímetros, y que además el Parlamento se está hundiendo. No obstante, tendrían que pasar 4 mil años para que la inclinación fuera comparable a la de Pisa.

Un lugar cinematográfico

Según una encuesta de Metro.co.uk, la Torre del Reloj fue votada como la locación cinematográfica más icónica de Londres. Es común ubicar una escena de cine o televisión con una toma de Big Ben junto con alguno de los autobuses rojos, característicos de la ciudad.

Las guerras

 Durante la Primera Guerra Mundial, y a partir de 1916, las campanas del reloj fueron silenciadas y la torre oscurecida por las noches durante 2 años para evitar que fuera atacada por los alemanes. En los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la torre volvió a ser oscurecida por las noches.

 

 

 

 

 

 

 

10 secretos sobre el Museo Nacional de Antropología

Martes, 05 Septiembre 2017 03:13 Escrito por

Conoce detalles sobre el robo al museo, lo que provocó la llegada de Tláloc y el sonido extraño en su patio central

1. La columna de bronce

La columna de bronce de los hermanos Chávez Morado se ha convertido en el símbolo arquitectónico del museo. Es una cubierta colgante con caída de agua, que interpreta los cuatro puntos cardinales: Integración de México (este), Proyección de México (oeste) y Lucha del pueblo por la libertad (norte y sur).

2. El diseño

Estuvo a cargo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien también participó en la creación del Museo de Arte Moderno, la Basílica de Guadalupe, el Estadio Azteca y en la imagen de los Juegos Olímpicos de México en 1968. La construcción tardó 19 meses, entre febrero de 1963 y septiembre de 1964.

3. Atracos históricos

El museo fue saqueado en 1959 y 1985. La primera vez, cuando la sede del inmueble estaba en la calle Moneda, una persona sustrajo la pieza del “Coyote Emplumado” y más tarde fue recuperada en Estados Unidos. Sin embargo, el robo del 25 de diciembre de 1985 es el más grande que ha sufrido un museo mexicano: 140 piezas arqueológicas correspondientes a las salas Maya, Mexica y Molte Albán, las cuales alcanzaban un valor en el mercado de los coleccionistas de 15 mil millones de pesos de esa época. Cuatro años más tarde, se recuperaron 133 piezas, entre las que se encontraban la famosa máscara de jade del Dios Murciélago.

 4. El acervo

Las primeras piezas fueron halladas en 1790 y se resguardaban en el antiguo Museo Nacional de México (hoy Museo Nacional de la Culturas), ubicado en la calle de Moneda. La colección inició con la escultura monumental de “Coatlicue”, la “Piedra del Sol”, la “Piedra de Tízoc” y la cabeza de una Xiuhcóatl (serpiente).

5. A la vanguardia

 El Museo Nacional de Antropología forma parte del Google Art Project, un recorrido virtual con imágenes de 360 grados para observar a detalle 148 piezas (cada una con su respectiva explicación). En el proyecto participan 250 museos del mundo.

 6. El gran “Tláloc”

El traslado del monolito fue una hazaña que duró ocho horas, el 16 de abril de 1964. La escultura —de 165 toneladas y siete metros de altura— salió del pueblo de Coatlinchán, en el Estado de México, hacia la ciudad, en un remolque construido especialmente para su mudanza. Al llegar al museo, una torrencial lluvia inundó varias colonias aledañas.

7. Recorrido kilométrico

Explorar todas las instalaciones del museo, incluyendo pasillos, equivale a una caminata de 5.5 kilómetros.

 8. Sonidos prehispánicos

En el patio central se colocó un caracol de bronce esculpido por Iker Larrauri. La obra se llama El sol del viento y su función es emitir sonidos con las ráfagas del viento, que emulan la musicalidad de los instrumentos prehispánicos.

9. ¿Qué hay en el segundo nivel?

El museo alberga una vasta colección de objetos etnográficos que se exhiben en 11 salas del segundo nivel. Las piezas representan la cosmovisión y vida cotidiana de los pueblos indígenas. Hay cerámica, cestería, pluma, tejidos, plata e indumentaria.

 10. En números

 24 salas de exposición tiene el museo.7 mil 761 piezas arqueológicas en exhibición.2 millones 328 mil personas visitaron el museo en 2005; su récord.

 

 

 

 

 

 

 

 

A través del cine y la literatura no han ofrecido una imagen de Isabel de Baviera, emperatriz consorte del Imperio Austrohúngaro y familiarmente conocida como ‘Sissi’, como una persona cercana y muy querida por su pueblo, pero ese cariño que parece que se le procesó no llegó hasta tiempo después de su muerte, cuando, a petición de su viudo, el emperador Francisco José, se ordenó realizar una campaña en la que sobresalieran todas sus virtudes.

Y es que en realidad no fue una emperatriz querida por gran parte de sus súbditos, sobre todo austriacos que veían con malos ojos como Sissi defendió en más ocasiones al pueblo húngaro (donde sí que era realmente querida y admirada).

Isabel no estaba llamada para ser emperatriz y a pesar de haber nacido en una importante familia, le dieron una educación durante su niñez en la que creció sintiéndose libre y sin ataduras.

Pero todo se giró cuando de repente su primo Francisco José se fijó en ella durante una recepción en el Palacio de verano de la Familia Real Austriaca en Viena. Dicha recepción había sido organizada para que el heredero al trono del imperio fijara sus ojos en Elena, la hermana tres años mayor de Isabel. Pero el príncipe quedó prendado del encanto de Sissi (quien contaba en aquellos momentos con 16 años de edad) y dijo a su madre que con quien realmente quería comprometerse era con la joven Isabel.

La noticia no le sentó nada bien a Elena, pero mucho menos a Sissi, quien apreciaba a su primo pero no estaba interesada en él y mucho menos en convertirse en emperatriz. Las estrictas etiquetas sociales que obligaba la realeza no estaban hechas para ella y sabía de antemano que, a pesar de ser Francisco José un buen hombre, no sería totalmente feliz a su lado.

A pesar de ello se preparó todo para que el 24 de abril de 1854 contrajeran matrimonio en la Iglesia de los Agustinos de Viena. Tuvieron tres hijas y un hijo y numerosos fueron los viajes que Sissi realizó por gran parte de Europa con el fin de estar alejada del palacio real y así evitar a su suegra (que al mismo tiempo era su tía) quien se dedicaba a hacerle la vida imposible ya que le exigía una entrega total al cargo de emperatriz.

Los continuos viajes y la falta de presencia de Sissi en importantes actos sociales en Viena provocaron que gran parte de la población desaprobara su conducta e incluso la detestara como emperatriz.  Pero a pesar de sus continuos desplantes y ausencias, el emperador Francisco José seguía profundamente enamorado de ella, motivo por el que ordenaba a sus más allegados que no hablaran mal de su amada.

A la infelicidad de Sissi se le sumó la trágica muerte de su hijo Rodolfo, de 30 años de edad, el 30 de enero de 1889. En un principio se dijo que había sido por causas naturales (insuficiencia cardíaca) y posteriormente se confirmó que se había tratado de un suicidio junto a su joven amante (13 años menor que él).

Esto sumió en una profunda depresión a Isabel, quien puso todavía más distancia entre la familia real y ella (la habían apartado de su hijo cuando este era pequeño para que no recibiera una educación ‘mal influenciada’ por parte de la madre).

También cabe destacar que varios fueron los rumores que existieron sobre supuestas infidelidades y que incluso la hija menor (María Valeria) había sido fruto de uno de esos escarceos amorosos con un conde húngaro llamado Gyula Andrássy.

Sissi fue asesinada el 10 de septiembre de 1898 en Ginebra (Suiza) por el anarquista italiano Luigi Lucheni quien clavó un estilete en el corazón de la emperatriz, quien moriría pocas horas después.

Su viudo, el emperador Francisco José I, ordenó que se le rindieran todo tipo de homenajes y mandó organizar un solemne funeral.

 

 

 

 

 

 

 

Las siete maravillas del Mundo Antiguo fueron un conjunto de estructuras que los helenos creían que debían ser vistas por lo menos una vez en la vida. La Gran Pirámide de Guiza es la única que aún podemos ver. Las otras eran el Templo de Artemisa en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría y los Jardines Colgantes de Babilonia.   

El último de ellos es el único que implementaba cuestiones ecológicas y orgánicas, a diferencia del resto que eran grandes y monumentales estatuas o edificios. La vida de los jardines es cuestionable y hasta hace unos años se creía que era una total leyenda, pero investigaciones recientes, si bien no pueden demostrar totalmente su existencia, sí se encuentran más cerca de encontrar el lugar preciso.  

Los jardines eran una serie de estructuras piramidales junto al palacio del rey. Estos en verdad no colgaban, tiene ese nombre debido a la incorrecta traducción de la palabra griega kremastos o del latin pensilis, que habla de “sobresalir” y no “colgar”. En realidad eran jardines que se iban haciendo más y más altos llegando a verse hasta los 90 metros de altura según algunas crónicas antiguas.  

La leyenda más aceptada es que en el siglo VI a.c. el Rey Nabucodonosor II los mandó a construir para su amada esposa. Los jardines comenzaban con una base de más de 100 metros de largo y ancho en los que se incluyó la vegetación más extraordinaria de esa época. Durante años fueron una verdadera maravilla, pues el agua era traída desde el río Eufrates y corría día y noche por los canales confinados sólo para la vegetación.  

Gracias a su estructura, había árboles exóticos que se podían ver desde el otro lado de la ciudad, eso impulsó más y más la fama de un imperio poderoso rodeado de vegetación en un lugar en el que las condiciones eran áridas y precarias.  

Tristemente el sueño de Nabucodonosor II no vivió demasiado. En una época de fuertes enfrentamientos bélicos, pronto la ciudad pasó a otras manos y en el siglo IV a.c. cuando Alejandro Magno llegó a Babilonia los jardines ya eran una patética muestra de lo que fueron alguna vez. Así se mantuvieron otros cientos de años hasta que el rey Evemero los destruyó en el 126 a.c.  

 

Los jardines hoy  

Aunque el sueño de Nabucodonosor II no vivió mucho tiempo, la leyenda sí, y miles de investigadores han pasado muchos años buscando el sitio en el que pudieron estar.

 Hoy Babilonia es parte de Irak, lo que hace aún más difícil encontrar el lugar correcto, pero la británica Stephaine Dalley cree que cerca de Hilla, en el centro de Irak, hay unas montañas con esas características.  

Sin embargo, de ser cierto, no habría sido Nabucodonosor II el creador de los jardines, sino Senaquerib, quien estuvo en el poder hace aproximadamente 2700 años.  

Sea cual sea la verdad, la historia de los jardines demuestra que la naturaleza, mezclada con el ingenio humano, puede crear grandes legados que viven para siempre.

Hoy tenemos la arquitectura sustentable y tal vez debemos rastrear sus orígenes hasta los Jardines Colgantes de Babilonia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fueron 13 años de relación, en los que tenían periodos de entrega total y otros de separación absoluta

El amor de Cleopatra y Marco Antonio forma parte de la historia antigua, pero no fue una relación común y corriente, pues estuvo llena de complejidad y tragedia. Esta unión tormentosa fue capaz de desestabilizar al Imperio Romano.

Así es como Roma y Egipto estaban frente a frente, en una historia de pasión, infidelidades, lucha de poder y, sobre todo, drama. Y aunque había periodos en los que se separaban absolutamente, Marco Antonio siempre volvía a los brazos de Cleopatra.

Cleopadra VII (su nombre completo era Cleopatra Filopatro Nea Thea), fue la última reina de Egipto. Cuando apenas tenía 11 años, tuvo que escapar de su hermanastra, que había matado a su madre y a su marido, para luego arrebatar el trono al padre de ambas.

Pero la bella egipcia estaba decidida a ocupar el poder y devolver el esplendor a Egipto, por lo que no dudó en usar su inteligencia y armas femeninas para buscar aliados. El primero que sucumbió ante sus encantos fue Julio César, a cuya muerte le sucedió Marco Antonio, quien tampoco logró escapar de su hechizo.

Tras mantener una relación con Julio César, Marco Antonio apareció en la vida de Cleopatra. Se trataba de un apuesto militar y político romano de la época final de la República; era sobrino de Julio César.

Cuando Marco Antonio ganó la batalla de Filipos, no estaba conforme con el comportamiento de la Reina de Egipto y se lo reprochó. La mandó llamar para que le ofreciera disculpas, pero ella era astuta y repitió su maniobra de seducción. No le importó que él estuviera casado en Roma, con Fluvia. Cleopatra se presentó ante Marco Antonio, pero no humillada, sino decidida a conquistarlo.

Él cayó a sus pies y cuatro días después de su primer encuentro, la acompañó de regreso a Egipto para instalarse en el Palacio de la Reina de Alejandría, para vivir una pasión que duraría 13 años. Marco Antonio abandonó sus obligaciones familiares, políticas y militares, por lo que fue declarado enemigo de Roma.

Pero ella también se enamoró de ese hombre fuerte y valiente que, aunque no tan inteligente como Julio César, le ofrecía todo su poder para mantenerla al frente de un reinado. Su amor estuvo plagado de rupturas, reconciliaciones y luchas por el poder y el control.

En la plenitud de su amor, Marco Antonio tuvo que regresar a Roma para casarse con la hermana de Octavio (sucesor de Julio César) para evitar que éste iniciara una guerra contra Egipto, pero él no logró olvidar a su amada, por lo que cuatro años después, regresó a encontrarse con “su reina” y casarse con ella. Tuvieron 3 hijos; los primeros gemelos: Alejandro Helios y Cleopatra Selene. Luego nació Tolomeo Filadelfo.

El trágico final

Su romance terminó en tragedia, como si se tratara de una historia surgida de la pluma de Shakespeare. En plena guerra, y con Octavio y su ejército a las puertas de Alejandría, a Marco Antonio le dieron la noticia de que Cleopatra había muerto, lo cual era totalmente falso, pero a él le afectó de tal manera, que decidió quitarse la vida con su propia espada, el 1 de agosto del año 30 a. C.

Ante la muerte de su amado y la humillación de ser prisionera del ejército de Octavio, que pretendía exhibirla encadenada, la última reina de Egipto decidió acabar con su vida, haciéndose morder en un pecho por una serpiente venenosa, una áspid. Esto sucedió unos días después, el 12 de agosto.

Así fue el final de la mujer que enloqueció de amor a uno de los hombres más famosos e importantes de la Antigua Roma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Breve historia de “CHILES EN NOGADA”

Viernes, 11 Agosto 2017 01:48 Escrito por

El 30 de julio de 1821, desembarca en Veracruz con su familia y criados, Don Juan O´Donoju, el que venía a ejercer las funciones con el nombramiento de Jefe Superior político de la nueva España.

El Gral. Agustín de Iturbide salió a su encuentro, deseaba conferencia con él; se entrevistaron en la ciudad de Córdoba, Ver., después se redacto una minuta el resultado de la conferencia fueron “Tratado de Córdoba”, firmado el 24 de agosto de 1821, aceptando El Plan de Iguala, solo con una modificación.

El Plan de Iguala decía: “si Fernando VII no quiere gobernar a la nueva España, entonces se propondrá la corona a otro príncipe de casa reinante en Europa.

La modificación aprobada  en Córdoba, Ver., decía: “si Fernando VII no quiere gobernar a la nueva España, entonces ceñirá la corona que los diputados del imperio designen”.

Los personajes decidieron regresar a la nueva España, pero tenían que pasar por Puebla de los Ángeles, el obispo Pérez Martínez hizo la recepción a su amigo Iturbide ofreciéndole una comido especial, que fue encomendada a las madres agustinas del convento de Santa Mónica, con motivo de su onomástico el día de San Agustín, elaboraron los platillos, estas determinaron que es la época de chiles poblanos, los encargaron de la cosecha de San Martin Texmelucan y para llenarlos con frutas de temporada:  duraznos de Tepeaca,  manzanas de Zacatlán, peras de Huejotzingo, piña y almendras de Veracruz, nuez de Calpan y granadas de Tehuacán, manjar poblano ofrecido por primera vez en 1821 en honor del Gral. Agustín de Iturbide, en su visita a Puebla de los Ángeles.

 Para hacer los preparativos, encargaron huevos de Tepeaca y una vez que estaban capeados utilizaron los nacientes tres colores de la enseña trigarante, cuyo resultado fue ese platillo barroco por excelencia, por lo que fueron adornados con: perejil, lechilla de nuez y granadas, ahora a los 184 años de su creación, “EL CHILE EN NOGADA”, forma parte de la tradición de todas las cocinas poblanas.

 

 

 

 

 

 

 

Siempre dijo que jaló el gatillo en defensa propia, pero fue sentenciado a 4 años y 6 meses de cárcel

Emilio Fernández Romo, mejor conocido como “El Indio”, siempre se caracterizó por ser un hombre violento, dentro y fuera de la pantalla. Este astro del cine nacional, reconocido a nivel internacional, ensombrecía su carrera con los múltiples escándalos que protagonizaba.

Dirigió y actuó en varias películas de la época dorada del cine mexicano, pero gran parte de su fama no la debe a sus dotes histriónicos, sino a su carácter violento, que lo metió en varios líos con la policía.

De hecho, en 1976 estuvo preso por el delito de asesinato… El 29 de mayo de ese año, su fama de matón y arrebatado pasó de la ficción cinematográfica a la realidad: “El Indio” Fernández mató a un campesino.

El cineasta se encontraba en Torreón, buscando locaciones para grabar México Norte (1979), la cual sería realizada un año después, como una nueva versión de Pueblerina (1949).

Pero durante una animada reunión con un grupo de gitanos que acampaban en la región, Fernández se vio envuelto en un altercado iniciado por tres campesinos que habían llegado al lugar, uno de ellos, Javier Aldecoa Galván.

Este hombre, quien se encontraba borracho y armado con una pistola, con la que lanzaba disparos al aire, increpó a los gitanos, provocando la furia del director de cine mexicano, quien salió en su defensa.

Se armó el alboroto y se escucharon algunos disparos. El campesino Javier Aldecoa cayó al piso con dos disparos en el pecho. La noticia se regó como pólvora.

Con ayuda de sus amigos, Emilio “El Indio” Fernández huyó del lugar del crimen. La policía de Coahuila organizó un operativo para evitar que saliera del estado. Pero el cineasta fue bastante hábil y logró salir hacia la frontera sur del país, donde cruzó hacia Guatemala.

Los diarios decían que había logrado escapar a bordo de su propia camioneta, sin poder ser rastreado por las autoridades, quienes buscaban cerrarle el paso por las carreteras.

Días más tarde, Emilio Fernández decidió entregarse a las autoridades mexicanas en la ciudad de Guatemala, de donde fue trasladado a nuestro país. En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México lo esperaban decenas de reporteros, fotógrafos y camarógrafos.

En sus declaraciones, el director de cine siempre señaló que actuó en defensa propia. Indicó que “alguien” que le pasó una pistola, le comunicó que Aldecoa iba con la intención de asesinarlo. Las investigaciones siguieron su curso y el 11 de junio, el juez segundo del ramo penal de la ciudad de Torreón, le dictó auto de formal prisión, por lo que fue trasladado a la Cárcel Municipal de Torreón.

 A finales de noviembre se le dictó una sentencia de 4 años y 6 meses de reclusión, pero “El Indio” alcanzó el derecho de libertad bajo fianza, por lo que el 10 de diciembre de 1976 quedó en total libertad tras pagar 150 mil pesos.

Dos días después llegó a la Ciudad de México, y aunque varios reporteros llegaron a su casa de Coyoacán, nadie pudo verlo ni hablar con él.

10 años después de esa amarga experiencia, el cineasta falleció el 6 de agosto de 1986, a los 82 años de edad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Retrata la vida de los niños de la calle del México de 1950, ahogados en la podredumbre, la indiferencia y la muerte

Estuvo sólo tres días en cartelera, la prensa y la clase alta estaban vueltas locas, querían quemar a Luis Buñuel y todo lo que oliera a él.

Era 1950 y el cine mexicano estaba en su esplendor. El cineasta español Luis Buñuel ya tenía éxito, pero estaba enamorado de nuestro país. Grabada en Nonoalco, en lo que entonces eran los límites norteños de la Ciudad de México. Y tenía un propósito, una visión desgarradora de los niños de la calle en las grandes urbes. Aquellos de los que nadie habla, los que callan, los olvidados.

El poeta Octavio Paz escribió: “Pero Los Olvidados es algo´más que un filme realista. El sueño, el deseo, el horror, el delirio el azar, la porción nocturna de la vida, también tiene su parte. Y el peso de la realidad que nos muestra es de tal modo atroz, que acaba por parecernos imposible, insoportable. Y así es: la realidad es insoportable; y por eso, porque no la soporta, el hombre mata y muere, ama y crea”.

Su nombre original era La Manzana Podrida y en realidad, no tenía ningún nombre de peso, se tenía a Estela Inda, Miguel Inclán y Alfonso Mejía, además de un grupo de niños comandado por Roberto Cobo, un chico que había salido como extra en varias cintas y un día que audicionó para una película de Tin Tan se enteró que Buñuel estaba entrevistando para su nuevo filme. Hizo la audición y se quedó con el rol de “El Jaibo”.

Sin embargo, desde su inicio, la cinta tenía problemas, dentro y fuera. El productor, Oscar Dancingers, se opuso a que se incluyeran muchos detalles que resultaban amorales, Jorge Negrete, líder del Sindicato de Actores quería evitar su grabación e instó a técnicos y camarógrafos a abandonarla; una de las peinadoras renunció por la escena en que la madre de Pedrito, le niega la comida.

Pedro de Urdimalas, escritor de la cinta al lado de Buñuel, pidió que su nombre no apareciera en los créditos y en la primera función privada que se hizo, Lupe Marí, esposa de Diego Rivera y Bertha, esposa de León Felipe, reclamaron al director que era un miserable y lo que mostraba no era México. David Alfaro Siqueiros por su parte aplaudió el trabajo asegurando que Luis era un genio nacido para el cine.

Los Olvidados era la primera producción sería de Buñuel y quería hacerlo todo al máximo de sus posibilidades. La filmó en 21 días entre el 6 de febrero y el 9 de marzo de 1950, pero aunque la cinta es posiblemente una de las más galardonadas de su cine, él solo recibió dos mil dólares por ella y no pudo participar en las ganancias de la misma.

Ante las críticas, Buñuel respondió durante una entrevista que estaba orgulloso de su filme “La libertad total no existe, yo jamás he sido libre, yo soy libre cuando cierro mis ojos y estoy conmigo mismo sin que sepa que ya estoy viejo. El sistema de inconformidad es esa tendencia a romperse la cabeza por recuperar la propia libertad, lo que es imposible, es por tanto una inconformidad permanente de la realidad exterior”.

 En los albores de los 50, el presidente mexicano, Miguel Alemán, estaba planeando la industrialización en el país, para dejar atrás la agricultura como primera fuente de recursos de los nacionales, pero el cine estaba en su apogeo, por ello las reacciones ante la cinta eran tan violentas.

Se tiene registro de que algunos cines fueron destruidos por los asistentes al estreno en noviembre de ese 1950, los fanáticos salían furiosos. La llamada “Liga de la Decencia” intentó expulsar a Buñuel del país y aunque no lo lograron, el director si dejó el territorio.

A pesar de los múltiples problemas, Luis Buñuel estrenó su cinta en Europa y la crítica mexicana tuvo que aceptar la gran equivocación cuando el gran jurado del Festival de Cannes le dio el premio como Mejor Director en 1951.

¿Era para tanto?

La película tiene una trama dura, y a diferencia, por ejemplo de Nosotros los pobres no busca causar lástima sino presentar una realidad diferente a la que se creía que existía en el país.

 La historia nos lleva por los barrios más pobres de la Ciudad de México, donde los niños de la calle son una plaga para las altas esferas de la sociedad. Jaibo (Roberto Cobo) es un adolescente que escapa de un correccional para reunirse con Pedro (Alfonso Mejía). En presencia de él, Jaibo mata a Julián, el muchacho que supuestamente le delató. También intenta robar a un ciego (Miguel Inclán) al que finalmente maltrata. Acompañados de Ojitos y Meche (Alma Delia Fuentes), el destino del Jaibo y Pedro están marcados por la muerte.